Otros modelos de gestión de residuos: San Francisco, U.S.A.

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Sobre el blog

Juan Mateo Horrach
Ingeniero Industrial por la ETSEIB, UPC. M.B.A. por IESE. Postgrado en Inversión y financiación UPM. Ingeniero Industrial del Servicio de Residuos del Consell de Mallorca en excedencia. Ingeniero consultor. Profesor asociado UIB.
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Este artículo, y alguno más que vendrá, todos ellos publicados en Diario de Mallorca, tratan de poner de manifiesto que no hay un único modelo de éxito en la gestión de residuos, y que como en tantas cosas, es tanto o más importante la dedicación y el esfuerzo que una idea brillante.

San Francisco es una muy conocida ciudad de California, estado pionero en muchas cuestiones ambientales. San Francisco es una ciudad multicultural, con una gran actividad comercial y financiera, con más de 5.000 restaurantes.

Tiene una población aproximada de 850.000 habitantes, y genera 2 millones de toneladas al año de residuos en total, incluyendo especiales y construcción y demolición.

Hace unos años, en 2002, se propusieron mejorar notablemente la gestión de sus residuos, con un objetivo de cero residuos a vertedero en 2020, y un objetivo intermedio de un 25% a verterdero en 2010. Al mismo tiempo, se pusieron como condición no recurrir a la incineración como sistema de tratamiento, fundamentado sobre todo en la mucha mayor generación de puestos de trabajo que supone su modelo alternativo.

En 2007 se obligó a las empresas del sector a utilizar material reciclado por lo menos en 2/3 de las necesidades totales

Todo ello, muy conectado con la lucha contra el cambio climático, con las premisas de que el reciclaje reduce el consumo de energía y las emisiones; la digestión anaerobia y compostaje reduce las emisiones de metano, y el uso del compost aumenta el almacenamiento de carbono en terrenos y biomasa, y disminuye el uso de fertilizantes basados en petróleo y pesticidas.

En todo modelo de gestión de residuos es condición necesaria adecuar la recogida al modelo de tratamiento. De esto sabemos algo aquí, puesto que en el año 2000 aprobamos un plan multitratamiento, y como no se procedió a una recogida selectiva plenamente adaptada a los requisitos, ni en cantidad ni en calidad, las infraestructuras de tratamiento distintas de la incineración han trabajado muy por debajo de su capacidad.

En San Francisco se apostó por un modelo de recogida de tres flujos en lo que a residuos urbanos se refiere: reciclables, compostables y resto.

Por otra parte, se estableció un programa específico para residuos especiales y para los residuos de la construcción.

Paralelamente se fueron aprobando ordenanzas en coherencia con dicho modelo, de tal forma que los residuos generados pudieran canalizarse adecuadamente a esos tres flujos. Así, se prohibieron bolsas de plástico y envases de poliestireno y similares, se introdujeron envases compostables, se impuso la recogida selectiva obligatoria de tres flujos en 2.009, y se aplicaron una batería de medidas para evitar el desperdicio alimentario y para que los comercios y empresas se involucraran en facilitar la recogida mediante formación del personal y en la reintroducción de los materiales resultantes del reciclado y compostaje.

En cuanto a los residuos de construcción, en 2007 se obligó a las empresas del sector a utilizar material reciclado por lo menos en 2/3 de las necesidades totales.

Además, y no menos importante, se implantó una tasa de gestión de residuos relacionada con la generación de residuos resto; el conocido principio de “El que contamina, paga”, aplicando sanciones a los no cumplidores. Los edificios, locales o casas unifamiliares pagan por unos contenedores de una capacidad determinada, que son recogidos periódicamente, con una frecuencia baja (1 vez por semana o dos veces por semana, según flujos). Si queremos tener más capacidad de recogida, es decir, más contenedores o más frecuencia, pagamos más. Se recoge mediante vehículos de dos tipos; uno para resto y reciclable, y otro para compostable.

Tampoco ha faltado un esfuerzo importante en dar a conocer el modelo, entre la población y entre los generadores singulares como restaurantes, bares y pequeños negocios urbanos, así como en los centros escolares.

El compostaje funciona a toda máquina, puesto que se ha involucrado a los agricultores y agrojardinería

En cuanto al tratamiento, se construyeron plantas de tratamiento mecánico, que proceden a separar los reciclables adecuadamente para que puedan llevarse a las distintas plantas de reciclado de materiales (plásticos, papel, envases…). También se montó una importante red de plantas de compostaje para la materia orgánica y compostable, una planta de digestión en combinación con la planta depuradora de aguas residuales, además de fomentar el compostaje doméstico y comunitario en los lugares viables y una planta de recuperación de materiales procedentes del residuo resto, tales como rcd’s domésticos, metales, maderas y otros flujos.

El resultado de todo ello ha sido pasar de 900.000 toneladas anuales de residuos a vertedero en 2.000 a 400.000 toneladas anuales en la actualidad (el 20% del total).

No obstante, siguen sumando esfuerzos para alcanzar el objetivo de cero residuos en 2020. Para ello, entre otras medidas, se ha diseñado una nueva planta de tratamiento mecánico biológico con la que se pretende lograrlo.

El compostaje funciona a toda máquina, puesto que se ha involucrado a los agricultores y agrojardinería, absorbiendo toda la producción en sus respectivas actividades.

La gestión de la recogida y el tratamiento la llevan a cabo empresas privadas en colaboración con las autoridades locales, en un régimen similar a las concesiones. Tienen un sistema de retribución que está alineado con los objetivos, y propicia su consecución. También incorporan empresas del tercer sector y el equivalente a lo que conocemos como centros especiales de empleo. La principal gestora, Recology, es propiedad al 100% de sus trabajadores.

Hoy San Francisco es la ciudad referente en Estados Unidos en cuanto a gestión de residuos. Su sistema y sus objetivos ya han cruzado la famosa Bahía, y se ha implantado en Oakland, y en otras ciudades de la costa del pacífico. Incluso ciudades de otros estados menos concienciados ambientalmente, como Minneapolis, también se han apuntado al modelo.

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