Desperdicio de alimentos, envases y consumo responsable

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Sobre el blog

Jorge Castañeda Pastor
Activista multi-causa. Aquí escribo sobre reciclaje, reutilización y reducción del consumo (y el desperdicio) como vías para contribuir a un mundo sostenible y libre de pobreza y desigualdad
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Acabo de terminar de leer el Estudio sobre el comportamiento de los consumidores en la gestión de los recursos y los residuos de la Confederación Española de Cooperativas de Consumidores y Usuarios. Muy interesantes (llamativas en algunos casos) sus conclusiones.

Entre ellas me gustaría destacar algunas cosas sobre dos temas sobre los que llevo bastante tiempo leyendo e investigando. Por un lado el consumo responsable y, por otro, el desperdicio de alimentos. Ahí os las dejo:

Sobre el desperdicio de alimentos

La primera conclusión de este estudio es que parece que hay interés en evitar el desperdicio de alimentos. Nueve de cada diez consumidores tienen en cuenta evitarlo cuando hacen la compra. “(…) se produce un ajuste de los artículos comprados y sus cantidades al posterior consumo, de manera que no se generen desperdicios de alimentos. Hay una clara tendencia a cuidar los alimentos que compramos para que no se desperdicien, y de adecuar nuestra compra a nuestras necesidades, tratando de evitar que sean desechados”. De esta manera, “un 35,4% de la población afirma que nunca o casi nunca se estropean alimentos que conserva en el hogar, mientras que más de la mitad señalan que esto les ocurre pocas veces (57,3%). Si bien representa un 7,2% aquellos ciudadanos que reconocen que se les estropean alimentos bastantes (6,1%) o muchas veces (1,1%)”.

Pero los datos son tozudos y como ya vimos en otro post, España es el sexto país de la Unión Europea que más alimentos desperdicia. En este sentido, Hispacoop indica que hay un deseo de no desperdiciar alimentos, se intenta, pero supone grandes dificultades en la práctica. Esta disociación entre lo que se quiere y lo que realmente ocurre es especialmente evidente entre las personas más jóvenes que “son los que tienen más dificultades para no acabar tirando la comida, embarcándose en una especie de lucha constante contra el desperdicio”.

Según el estudio, entre las causas de que se estropeen alimentos en los hogares destacan: el olvido o despiste, el exceso de tiempo hasta su consumo, es decir, el producto perece o caduca, por no saber cómo aprovechar las sobras y por no saber cómo conservarlos. Y, añade que en los hogares con pocos ingresos es donde menos alimentos se estropean y que, a nivel geográfico, en los de Madrid y Barcelona es donde con mayor frecuencia se estropean alimentos.

Por tanto, parece que las causas son de varios tipos:

  • Por una parte desconocimiento, por ejemplo sobre cómo conservar o cómo aprovechar sobras.
  • Por otra parte cierto desinterés. Los hogares con menos recursos económicos demuestran que se puede hacer mejor, con toda seguridad porque no se pueden permitir el “lujo” de tirar comida.
  • Y, por último, los ritmos de vida que dificultan dedicar tiempo a las tareas relacionadas con los cuidados. De ahí que Madrid y Barcelona sea donde se tiran más alimentos.

Sobre esto último un apunte adicional. Prácticamente todas las guías o propuestas sobre prevención del desperdicio de alimentos recogen entre sus recomendaciones la planificación de los menús y evitar la improvisación (ver, por ejemplo, la Guía para el consumidor. Cómo reducir el desperdicio alimentario). Sin embargo, según este estudio de Hispacoop “La compra como acto concreto se encuentra engarzada en los modos de vida de manera completamente confusa. La compra se ajusta al ritmo y a los modos de vida, del mismo modo en que lo hace el individuo. Nos encontramos con un tipo de compra no muy planificada, que aprovecha los desplazamientos con otros propósitos para surtirse de algunos productos, necesarios o no”.

Sobre el consumo responsable

Del estudio se puede concluir que todavía hay mucho trabajo que hacer a la hora de sensibilizar a la ciudadanía sobre el impacto ambiental. Así, “A la hora de comprar, se percibe con claridad entre los consumidores lo que ha supuesto el trabajo de los discursos ambientalistas sobre el consumo, pero que han cristalizado más en la dimensión de la salud y de lo saludable que en la de la sostenibilidad ambiental”. Las personas “En el momento del consumo se comportan como meros consumidores y los criterios que guían sus actos de compra son los de los consumidores. (…) los criterios utilizados por el consumidor para hacer las diferentes elecciones de productos nada tiene que ver con lo ambiental”.

Por otra parte, y esto me resulta especialmente preocupante, “El reciclaje viene a presentar un confinamiento de la conciencia ambientalista del individuo al terreno específico de la gestión del residuo, lo que supone un desdoblamiento sociológico del individuo moderno, que puede comportare simultáneamente como consumidor, bajo las exigencias de la lógica del consumo, y como ‘ecologista’, como la persona preocupada por el medio ambiente, en un momento posterior”. Por ello, “la proliferación de los envases no adquiere una dimensión de problema en la esfera de la compra o del consumo, tan sólo en un momento posterior cuando se considera residuo”. Y añade “incluso si la proliferación del envasado se percibe como un exceso, el reciclaje viene a actuar generalmente como respuesta, como práctica adecuada tendente a acotarlo y mantenerlo dentro de unos límites”.

Así, cuando se pregunta por la importancia de las diferentes características de los envases, el consumidor “otorga más importancia a las propias características de los productos envasados frente a los criterios medioambientales que pudieran presentar los envases”. Y, dada una serie de alternativas, es posible que el consumidor pueda elegir teniendo algunas consideraciones ambientales, aunque las derivadas de los modos o estilos de vida tienen siempre mayor peso. De esta manera, en la valoración de los envases pesa especialmente que preserven los alimentos más tiempo y que sean fácil apertura y manipulación. La segunda característica menos importante es si el material con el que están fabricados los envases es reciclado o reciclable.

Por tanto, creo que se puede concluir que el discurso ambientalista no ha calado a la hora de la compra de artículos envasados y parece que el reciclaje aparece como una especie de “lavado de conciencia”.

Nos queda mucho camino que recorrer y mucho que reflexionar.

Nota: la imagen que encabeza el post es parte de la portada del Estudio sobre el comportamiento de los consumidores en la gestión de los recursos y los residuos.

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